¿Qué haces con tu tiempo?

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Te identificas diciendo o pensando cosas como “no tengo tiempo” “es que no pude porque me faltó tiempo” ” no voy a poder porque estoy demasiado ocupad@?

Si es afirmativo, ya has dado el primer paso, tomar consciencia. No te sientas mal, todos en mayor o menos medida lo hacemos. El próximo paso es ponerle nombre y entender porqué lo haces y cómo puedes cambiarlo.

Nos encontramos ante una práctica muy común en el ser humano, procastinar, o lo que es lo mismo, dejar para más adelante con la excusa de la falta de tiempo.

Es cierto que el entorno y la velocidad a la que se dan actualmente los cambios en la sociedad influye en esa sensación de carecer de tiempo. Nos hemos habituado al multitasking, empezando muchas cosas al mismo tiempo sin terminar ninguna. Esa sensación de tener varias cosas pendientes puede generar frustración y/o ansiedad.

Atención! No te confundas con el diagnóstico cómo me ocurrió a mi. No se trata de la cantidad de cosas que quieres o debes hacer, sino de la prioridad que les das.

Elegí escribir sobre este tema porque justo me di cuenta que me seguía ocurriendo lo mismo ahora que no tengo un horario fijo que antes cuando trabajaba en una oficina y lo tenia. Las excusas siguen siendo las mismas porque ocupo el tiempo con otras actividades y la sensación de tener la agenda llena persiste.

Mi propósito al iniciar el proyecto del blog fue generar contenido semanalmente, lo que supone escribir y publicar un post. La semana pasada fue la primera vez que no lo hice y llevo unos días cuestionándome el porqué hasta que he entendido que simplemente he priorizado otros asuntos como la formación, temas personales y reuniones estratégicas. No obstante, no me conformo con esa justificación. Podía haber elegido renunciar a ciertas reuniones o actividades de ocio, incluso aprovechar los interminables desplazamientos en autobús. Pero el vecino del ático y el pájaro carpintero no me lo habían puesto fácil. Me refiero al diálogo interno conmigo misma, a esas voces que resuenan y se repiten en mi cabeza desde una postura crítica. Lo bueno es que habitan en mi por lo que puedo decidir sentarles a dialogar en una esquina apartada o pactar unas vacaciones para así enfocarme en lo importante.

Ponerle un nombre a los pensamientos rumiantes te ayudará a tomar distancia. No se trata de pelear con ellos, porque son inquilinos y capaces de hacer mucho ruido, sino de tenerles a nuestro favor.

A mi me ayuda imaginarlos sentados, hablándome a mi, escuchándoles durante unos minutos y luego llegando a un acuerdo para que me den un descanso. Si le añades un toque de humor verás que hasta te divierte!

Existen otras técnicas simples de PNL (Programación Neurolingüística) potentes que te pueden útiles y que son fáciles de aplicar con la práctica. Cuando te venga un pensamiento del tipo “no puedo” o ” no llego” prueba a crear una imagen que represente esa situación y hacerla pequeña, ponerle un sonido (como la típica melodía de circo). Puedes ir probando hasta encontrar la que te funcione. Un consejo: deja volar tu imaginación!

Una herramienta que estoy segura que te va a ayudar a clarificar y priorizar objetivos/tareas, es la matriz del tiempo de Steven Covey.

matriz_COVEY

El primer cuadrante tiene trampa, ya que parece ser el que requiere de más atención y solemos pensar que no quita poco tiempo pero luego nos damos cuenta que nos hemos pasado el día apagando fuegos y que estamos sin energía. Esta es la señal de que nos hemos movido en el cuadrante I.

Cuando estamos en el cuadrante III solemos resolver asuntos que  nos han impuesto, que no estaban en nuestra previsión de agenda pero de repente pasan a ocupar el primer lugar. En este caso, a demás de la sensación de falta de energía sentimos malestar por la incongruencia que nos supone hacer algo que no es importante para nosotros.

En el cuadrante IV acabamos a veces por despiste, inercia, o por necesidad de desconectar de los cuadrantes I y III. Estas actividades aportan muy poco, excepto las de ocio o aquellas que nos oxigenan.

El cuadrante ideal es el II, el de las cosas importantes y no urgentes. Las que no dan resultado inmediato pero en las que merece la pena invertir tiempo. Cuando estamos en este cuadrante, estamos priorizando según nuestros propósitos vinculados a la misión y la visión personales. Es el único que ofrece posibilidad de crecimiento y nos empodera.

Ahora, con esta consciencia, información y voluntad de mejora, puedes dejar las excusas de lado y organizarte en función de tus prioridades para ser dueñ@ de tu tiempo y dejar de sentir que te lo roban o lo desperdiciaste.

“Escoger el propio tiempo es ganar tiempo.”

¡Mucho ánimo, eres capaz!